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La satisfacción de hacer de cicerone por Úbeda

Irene Cantero, delante de la fachada de la Capilla del Salvador en Úbeda. / román

Vaya personaje

A esta guía turística no se le resiste ni un secreto de la capilla del Salvador, la Sinagoga del Agua o las múltiples leyendas que hay alrededor de esta ciudad patrimonio de la humanidad

Irene Cantero se siente cada vez más contenta con su trabajo. No es para menos: su oficina son las calles de Úbeda, una de las dos ciudades patrimonio de la humanidad de la provincia de Jaén. Ni el frío ni el calor achantan a esta ubetense que desde 2005 muestra a los turistas las singularidades de esta joya renacentista por medio de la empresa Artificis servicios turísticos. No se le escapa ningún secreto de la capilla del Salvador, la Sinagoga del Agua o los diferentes monumentos civiles y religiosos que jalonan el centro histórico de Úbeda. Conoce las leyendas que se han ido transmitiendo de generación en generación —los cerros de Úbeda, el cristo torcido que preside el altar mayor de la iglesia de Santa María o la mujer emparedada de la casa de las torres, entre otras— y las narra también en las visitas guiadas nocturnas para deleite de aquellos visitantes que prefieren asomarse a la ciudad con otra mirada, todo ello en un escenario de película que por supuesto invita a echar a volar la imaginación. Y es que en Úbeda se han rodado producciones cinematográficas como Alatriste o La conjura de El Escorial, amén de otros programas televisivos (MasterChef). En aquellos días en los que el centro se veía copado por actores, cámaras de cine y escaletas, Irene seguía haciendo su trabajo como buenamente podía. «En La conjura de El Escorial ya no sabíamos dónde meternos y por pocas nos colamos en el camerino de Julia Ormond, que lo tenía en los bajos del Ayuntamiento. Eso fue muy gracioso porque nos echaban de todos sitios», recuerda con una amplia sonrisa.

Son muchas las anécdotas que ha vivido en estos 17 años como guía turística, por ejemplo ver cómo un gallo y una gallina cruzaban la céntrica plaza Vázquez de Molina desde la comisaría hasta el Parador, una estampa que sin duda provocó muchas sonrisas. O el caso de Leoncio. «Hace muchos años, casi al principio, tuve un grupo de personas mayores en el que había un señor muy zalamero. Vestía elegante y arreglado. Recuerdo que se llamaba Leoncio, no así el apellido, porque al despedirse de mí me dio una tarjeta en la que debajo de su nombre ponía ‘adulador de damas’. Todavía conservo la tarjeta por ahí», cuenta.

Turismo de calidad

El grueso del turismo que recala en Úbeda es nacional, aunque cada vez hay mayor presencia francesa, británica y americana. La provincia jienense se afianza como destino turístico de calidad con Úbeda y Baeza como principales reclamos, junto con la capital y las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, entre otros rincones. Irene Cantero hace hincapié en el esfuerzo que está realizando Jaén para desprenderse de la etiqueta de ‘provincia de paso’, cuyos resultados son visibles «desde hace tiempo».

En este sentido, Úbeda se abre como una ventana al Renacimiento con Andrés de Vandelvira como exponente, cuna también de Antonio Muñoz Molina y Joaquín Sabina. De aquí no se puede ir uno sin ver el museo de San Juan de la Cruz, la iglesia de Santa María, el hospital de Santiago, el barrio de San Lorenzo, la capilla del Salvador o la Sinagoga del Agua.

Esta última, que se encontraba oculta en tres viviendas, sorprende mucho porque conserva el espacio de encuentro así como el baño ritual de purificación judío y parte de la casa del rabino. De ahí que hasta el momento sea una de las más completas de España, según Irene.

Cualquier época del año es buena para perderse ‘por los cerros de Úbeda’, una expresión que, por cierto, ha cruzado el Atlántico aunque con una ligera variación, tal y como ha podido constatar Irene: «Explicando el origen de esta leyenda, una señora de Argentina me dijo que estaba equivocada, que era ‘por las nubes de Úbeda’. Al parecer en un debate político de allí, un candidato le dijo a otro que no se fuese ‘por los cirros de Úbeda’, que es un tipo de nube, y la expresión se quedó así». Por eso estas pequeñas cosas y el poder trabajar en Úbeda de lo que más le gusta son para Irene «un privilegio».

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