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Ana Moya, la influencer de moda a la que las marcas se rifan

La influencer Ana Moya posa en uno de los eventos a los que ha acudido este verano. / IDEAL

Natural de Andújar, ha convertido las redes sociales en su empleo. Este verano realiza los encargos publicitarios en sus viajes, «de placer, pero con trabajo», a los que siempre intenta llevar a su pequeño Mateo

Laura Velasco

Si explicásemos hace 20 años a qué se dedica Ana Moya nadie lo entendería, básicamente porque no existía. Su trabajo nace de la mano de las redes sociales, en las que promociona marcas o eventos a los que acude, una nueva forma de publicidad que ha derivado en la figura de los denominados influencers. Lo combina con su otro trabajo, modelo –que no necesita explicación-, y hasta tiene una marca de joyas. Así se gana la vida Ana Moya, la chica de moda de Andújar, que cuenta con más de 392.000 seguidores en Instagram, su red social predilecta.

Corría el año 2009 cuando comenzó a dedicarse de forma profesional al modelaje, profesión que la ha llevado a recorrer todo el mundo. De hecho, vivió cinco años en Milán y varias temporadas en Miami y Nueva York. En 2015 decidió trasladar su base a Madrid, donde su agencia le hizo la pregunta que cambiaría su rumbo profesional: «Con la de seguidores que tienes, ¿por qué no te haces influencer?». Y así empezó a monetizar el mundo de las redes sociales, su principal fuente de ingresos en la actualidad. «De modelo en España hay poco trabajo, si estuviera en otro país sí tendría más. Voy a cumplir 33 años, pero aún me queda tiempo en este sector», asegura convencida.

Su móvil es su principal herramienta. Su lugar de trabajo, cualquier parte. «Las marcas contactan conmigo para que publicite un producto, pero puedo hacerlo donde quiera. Otro trabajo que suelo hacer es acudir a eventos o viajes de uno o varios días, es muy variado. Lo que más me gusta es que cada día es diferente, no es nada monótono. Y que conoces a mucha gente, he hecho grandes amigos», manifiesta la joven. Las fechas señaladas, como Navidad, Black Friday o el Día de la Madre, son las mejores épocas. Los peor, después del Día de Reyes, cuando las marcas ya han publicitado todo lo que tenían que promocionar para esas semanas especiales.

«Lo que más me gusta es que cada día es diferente. Y que conoces a mucha gente»

Sin desconectar

Su verano en Instagram es la envidia de España: Ibiza, Formentera, Marbella, Cádiz… Aunque ella recalca que en todos esos rincones sigue trabajando. «Me organizo para ir donde me gusta, suelo estar una semana en cada lado y allí hago las fotos y los vídeos. También hay eventos, como ahora en Marbella y Sevilla, a los que tengo que ir. No tengo días de no hacer nada, nunca desconecto», apostilla Ana. En resumen, son viajes «de placer, pero con trabajo».

Consciente de que muchos creen que ser influencer no es un empleo en sí, insiste en que gracias a su esfuerzo se compró una casa hace un año. «Si mi vida fuera no hacer nada no lo habría conseguido. Soy modelo y he viajado sola por todo el mundo, tengo mi empresa… Pero lo que hay detrás nunca se ve», destaca Ana.

En la mayoría de estos viajes le acompaña la prolongación de su alma, su hijo Mateo, el otro protagonista de su Instagram, al que ya le piden fotos por la calle. «Siempre pensé que si me quedaba embarazada sería para estar con él, no para viajar tanto sola por todos los países como hacía antes», cuenta desde una viña en Sierra Morena en la que está pasando unos días con su familia. Porque aunque su residencia está en Madrid, siempre que puede visita su tierra. Y también procura presumir en redes sociales de Andalucía, esa tierra que la ha visto nacer y que ahora la ve triunfar.

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